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11 de septiembre de 2013

Argentina, al Mundial y con goleada

La Selección armó una fiesta de goles en Asunción: venció 5-2 a Paraguay y garantizó su clasificación a Brasil 2014, a dos fechas del final.

La Copa es dorada como el fútbol que propone Argentina en los metros finales. Entonces, es imposible no hacerse la cabeza con ese Mundial que ya es una realidad. Por Messi, por Agüero, por Di María, por Gago. Argentina le puso el broche de oro a la clasificación con una goleada histórica. Porque aquí el seleccionado no ganaba desde hacía 16 años. Sí, esta Selección ilusiona, más allá de los problemas defensivos que deberá corregir Alejandro Sabella. Esos desacoples que no empañan la alegría. El mensaje en la noche de Asunción es inequívoco: Brasil, allá vamos. Por undécimo Mundial consecutivo la Argentina dirá presente.

Todas las imperfecciones de la defensa son maquilladas por un ataque letal. El segundo gol es todo un testimonio del concepto. Falló Fabricio Coloccini y Víctor Ayala mandó un centro; a Sergio Romero se le volvió a escapar la pelota y la recuperó con el recuerdo del empate paraguayo todavía fresco. Y en la réplica, un pelotazo de Rodrigo Palacio encontró el pecho de Lionel Messi, de espaldas del arco. El pase del crack rosarino fue fantástico y la definición de Sergio Agüero, inapelable.

Está buscando el equilibrio la Selección. Y Alejandro Sabella advierte que se expone. Porque sus jugadores lo invitan a ser audaz. Y todo lo bueno que empieza a gestarse en los pies de Fernando Gago, corre peligro a sus espaldas. Anoche no estuvieron Federico Fernández ni Ezequiel Garay. Pero hasta a ellos los hubiera complicado Paraguay, que buscó la ganancia detrás del mediocampista de Boca y de Lucas Biglia, reemplazante de Javier Mascherano.

Argentina tardó diez minutos en acomodarse sobre un campo de juego con césped alto y desparejo. Hasta que Angel Di María, pura aceleración y talento, metió un pase entre líneas para Agüero. Fernández lo atoró y el Kun cayó en el área. El chileno Osses compró penal. No pareció. Y Messi resolvió con jerarquía.

Sin embargo, Paraguay empezó a manejar la pelota. Empujó sin claridad, pero comprometió a la defensa argentina. Roque Santa Cruz desbordó y José Núñez anticipó a Coloccini y Romero puso las manos flojas.

Paraguay apretó con Ayala por la izquierda y complicó a Coloccini, pero especialmente a José Basanta. Eso sí, cada contra Argentina dejó al desnudo a una defensa que, con tres centrales y dos laterales que colaboraban, nunca mostró solidez. Palacio se perdió un gol increíble. Pero Agüero lo compensó. Messi dos veces pudo haber aumentado, pero salvó Roberto Fernández.

Ya en el segundo tiempo, Argentina pasó por encima a un rival que había salido a jugar el partido eliminado por esos goles uruguayos que le quitaron la esperanza. Y lo liquidó en siete minutos. Un pase genial de Gago, notable por su gestión en el juego, dejó a Di María cara a cara con Fernández y el volante del Real Madrid definió con categoría. Y enseguida, Osses volvió a regalarle un penal a la Selección, que Messi -victima de la presunta infracción- canjeó por gol. Un grito con dos significados y consecuencias: era la garantía de la victoria y, claro, de la clasificación.

Los primeros veinte minutos del complemento fueron un baile. Lisa y llanamente. No hubo equivalencias en ese tramo entre un equipo con cracks de elite y un conjunto de voluntades luchando sin éxito. Incluso, pudo haber aumentado la diferencia. Di María tuvo una muy clara después de un concierto de toques. Palacio perdió otro. Los paraguayos se resistían a irse.

Ya no había suspenso en el tramo final. El gol de Santa Cruz -homenaje a su esfuerzo- fue sólo un detalle para la estadística. Apenas un decorado para ese desenlace escrito con anterioridad. El quinto -definición de Maxi Rodríguez, luego de mil toques- fue una demostración de poderío. A esa altura, Asunción ya había disfrutado del fútbol celeste y blanco, ese que ahora renueva la postergada ilusión de levantar la tercera Copa del Mundo. Nada menos... www.clarin.com