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EL TIEMPO EN TRENEL

12 de diciembre de 2013

Lanús gritó campeón y se metió en la historia grande del continente

En el Sur, venció por 2-0 a Ponte Preta con goles de Ayala e Ismael Blanco y obtuvo el título de la mano de los mellizos Barros Schelotto. Es la tercera estrella para el equipo granate tras la Conmebol '96 y el Apertura '07

Dieciséis años y siete días debieron esperar los hinchas de Lanús. Dieciséis años y siete días pasaron desde aquella noche del 4 de diciembre de 1996 en El Campín de Bogotá, en la que el equipo conducido por Héctor Cuper cayó 1 a 0, pero aprovechó la ventaja de 2 a 0 lograda en la ida para quedarse con la Copa Conmebol. Dieciséis años y siete días separaron aquel grito lejano de Carlos Roa, Gustavo Siviero, Hugo Morales y Ariel López de este, entonado desde la calidez del hogar, de Agustín Marchesín, Paolo Goltz, Leandro Somoza y Santiago Silva. El equipo de Guillermo Barros Schelotto derrotó 2 a 0 como local a Ponte Preta en el partido de vuelta de la final de la Copa Sudamericana (en San Pablo había empatado 1 a 1) y se quedó con el segundo título internacional y con su tercera estrella de su historia (también obtuvo el Apertura 2007, en el ámbito local).

Ni el grito de los 37.000 hinchas del Granate ni el sonido estremecedor de los fuegos artificiales con lo que fueron recibidos los jugadores locales intimidaron al conjunto paulista, que mostró templanza en el arranque para asumir el partido más importante de la historia del club.

A contramano de lo que podía preverse, el visitante, que terminó penúltimo en el Brasileirao y descendió a segunda división, no se refugió en su campo, presionó arriba y le disputó el balón a un adversario acostumbrado a manejarlo. Así, para Lanús no fue sencillo encontrar los caminos hasta el arco de Roberto Tigrão.

Sin embargo, con el correr de los minutos y después de un par de cabezazos sin dirección de Santiago Silva y Carlos Izquierdoz y una media vuelta rasante de Blanco que salió cerca del palo derecho, una gran jugada colectiva destrabó el nudo planteado por los brasileños. A los 24 Junior Benítez clarificó con un taco en el círculo central, Ayala combinó con Blanco y fue a buscar al corazón del área. La devolución rasante del delantero encontró al paraguayo, que empujó y se fue a festejar.

Entonces el libreto del Ponte Preta debió modificarse, por la necesidad de buscar con más decisión un tanto que recompusiera la paridad. Al tándem creativo Elías-Fellipe Bastos le costó engranar, por lo que Rildo y Leonardo quedaron aislados y casi no participaron del juego.

Si los problemas no eran suficientes para los visitantes, en el tercer minuto de descuento, cuando ya pensaban en barajar en el vestuario y dar de nuevo en el segundo tiempo, se encontraron con el segundo cachetazo: Santiago Silva ganó de arriba tras un córner de Ayala, Roberto Tigrão alcanzó a manotear y Blanco, de muy destacado primer tiempo, la punteó a la red.

El descanso, extendido por la caída de proyectiles sobre el área visitante cuando el arquero ingresó para disputar el segundo tiempo, enfrió la temperatura del duelo, en parte porque Lanús ya había hecho la tarea más pesada y lo que quedaba era administrar la renta obtenida y porque el elenco brasileño exhibió su impotencia para lastimar, pese a haber sumado a Ferrugem y William en ataque.

Solo un descuido, como el que tuvo la defensa a los 13 minutos y que no pudo aprovechar Rildo, quien había quedado libre de marca en al área, pudo sumarle una pizca de incertidumbre al resultado. Tan claro asomaba el panorama que el público empezó a dar forma a la fiesta cuando apenas se había disputado un cuarto de hora del complemento.

Así, el transcurrir de los minutos tuvo muy poco de fútbol y la monotonía apenas se vio alterada por un cabezazo de Blanco, el mejor de la noche, y un disparo de Diego González, ambos despejados al corner por Roberto Tigrão. Lo que fue in crescendo fue la emoción, que nació en las tribunas, se fue mudando al césped y estalló definitivamente cuando el chileno Enrique Osses hizo retumbar el pitazo final. Entonces ese sendero, que había comenzado con las dos victorias ante Racing en la primera fase y luego había encadenado los triunfos frente a Universidad de Chile, River y Libertad de Paraguay, encontró su última estación y la alegría se hizo abrazo. El abrazo del campeon. www.clarin.com

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