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11 de julio de 2016

El peronismo capitalino, en el mar de la fragmentación

Por Norberto G. Asquini

El peronismo de Santa Rosa comenzó a dar algunas muestras de reactivarse después de la interna y la derrota local de 2015. Fragmentado y disperso, el PJ capitalino arrastra una crisis que se remonta a una década, si no más, en la que pasaron conflictos feroces, caídas electorales históricas y, sobre todo, el desencuentro. Una vida interna política irregular y porosa, compleja a más no poder, signada por divisiones y diferencias más personales que políticas.

Tras la llegada de Carlos Verna a la gobernación, tibiamente las diferentes vertientes han comenzado a moverse buscando un espacio propio. Dotarse de alguna organización, darse cuerpo, pero bajo un contexto de desarticulación. Frente al gobierno del intendente Leandro Altolaguirre, al que observan sin recursos para poder hacer frente a una ciudad devastada y con serios problemas en la gestión, esos grupos tienen esa referencia en común en torno a la cual intentan congregar adhesiones peronistas antes esquivas.

Hay dos procesos en esta construcción múltiple: aquellos que han recibido el mensaje de Verna de empezar a armar con lo que haya y se consiga, y quienes lo hacen por propia voluntad sin esperar ningún guiño. Están quienes van mostrándose públicamente en grupo como la agrupación 17 de Noviembre, o quienes han disputado discursivamente con el jefe comunal como Raúl Ortiz o Liliana Robledo. En lo institucional los concejales justicialistas se enfrentan a la comuna y otros dirigentes se van reuniendo en distintos ámbitos y hasta preparan listas para competir por las comisiones vecinales. Poco es coordinado, y cada milímetro se trata de capitalizar como propio. Hay un libre juego de construcción sectorial para que cada uno, cuando lleguen las definiciones, haga valer el peso de lo conseguido hasta ese momento.

Ante esta fragmentación, con Verna en la gobernación hegemonizando la situación política interna, ahora hay un factor de unión. La unidad, ese valor perdido, solo se conseguirá bajo la conducción del gobernador. Pero las diferencias y pasiones internas que han sido cultivadas pacientemente durante los últimos diez años subsisten y son difíciles de erradicar.

Ninguna corriente vale por sí misma en este escenario, ninguna tiene un líder "natural" que congregue las voluntades del resto o promueva un amplio consenso. El vernismo no pudo nunca hacer pie en la capital y los diferentes grupos que lo componen no pueden coordinar por sus disputas, de hecho Verna perdió en las elecciones en la ciudad el año pasado; el marinismo tiene su bastión en Santa Rosa y sus principales dirigentes son santarroseños, pero no han podido hacer diferencia con eso -en la interna local del PJ la lista que apoyó quedó tercera-; Identidad Peronista ha mantenido un caudal de votos, pero no ha podido sobresalir frente al resto; el jorgismo ha quedado atomizado. En paralelo a estos sectores, hay otros que le disputan espacios. Y no solo del PJ tradicional: desde el kirchnerismo en el llano que intenta mantener a sus grupos activos hasta quienes se acercan al "Colo" Mac Allister como Espacio 22N.

La elección de 2017 va a ser importante para medir cómo quedó el PJ después de la derrota del año pasado y cuánto representa el activo de tenerlo a Verna en la gobernación. Para 2019 queda mucho, y en ese sentido se debe afrontar con tiempo la carencia de un protagonista local que aglutine a ese amplio arco bajo su conducción o su candidatura. Este podrá surgir "desde arriba", ungido por el gobernador y el presidente del PJ, Rubén Marín, como podría ser un ministro actual al que mencionan por su buen perfil aunque no sea conocido, o "desde abajo", desde las bases como puede ocurrir con el diputado Jorge Lezcano, al que algunos señalan como el único "sobreviviente" del desbarajuste de 2015, ya que estuvo del bando ganador en la interna y las primarias. Hay por supuesto otros nombres, que por estructura, su cercanía con Verna o el conocimiento que tienen en la sociedad estarán en la consideración pública, como Sergio Ziliotto por el vernismo o Espartaco Marín y Mariano Fernández del marinismo, por dar solo algunos.

El peronismo te puede hacer ganar o te puede hacer perder, afirma y analiza el ex gobernador Marín. En 2008 lo demostró con Tierno y en 2015 con Ortiz. Hacia 2019 puede revertir la situación actual intentando sanar una base fragmentada y desilusionada. Todas las vertientes saben que por sí mismas no ganan, y todas saben que solo se gana cuando el peronismo está alineado. El resto son circunstancias.

Por Norberto G. Asquini

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