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20 de marzo de 2013

Asumió Francisco: “El odio, la envidia y la soberbia ensucian la vida”

El Papa comenzó ayer su pontificado con una homilía de fuerte contenido social. Luego de recibir el anillo del Pescador y el palio de lana, Jorge Bergoglio llamó a “no tener miedo a la bondad

Frente a doscientos mil fieles entusiasmados que aclamaban su figura, sus palabras, su estilo y su vocación de reformador en la Iglesia católica en crisis, el Papa Francisco comenzó ayer su pontificado con una homilía de fuerte contenido social. “El odio, la envidia y la soberbia ensucian al mundo”, dijo el argentino Jorge Bergoglio en el sermón de la misa de iniciación en la plaza de San Pedro, tras recibir el anillo del Pescador y el palio de lana, los actos formales de su papado. El texto de la homilía, leído en italiano, fue un verdadero programa de pontificado que en la semana que lleva Bergoglio al frente de la Iglesia desde su elección se ha construido con pequeños y grandes gestos, un estilo sencillo y directo, la exaltación de los buenos valores, como la fraternidad, la solidaridad.

En su mensaje frente a los mandatarios que lo visitaron, entre ellos Cristina Kirchner, llamó a “no tener miedo de la bondad”.

El Papa pidió en el sermón, ante más de 120 delegaciones gubernamentales extranjeras y cientos de millones personas que lo seguían extasiadas por las cadenas de televisión de todo el mundo, que los gobernantes sean “custodios de la Creación de Dios, que respeten el medio ambiente y no dejen que los signos de destrucción y de muerte acompañen al mundo”.

Con un lenguaje absolutamente nuevo en la retórica de las altas cumbres vaticanas, Francisco pidió “respeto para todas las criaturas de Dios”, citando a los niños, los ancianos, “que son más frágiles y a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón” En varias ocasiones el pontífice remarcó que una Iglesia pobre debe estar al servicio de los pobres. “ El verdadero poder del obispo de Roma es el servicio y también el Papa para ejercer el poder debe mirar al servicio humilde de José, mirar con afecto y ternura a la entera humanidad, en especial los más pobres, los más débiles, los más chicos”. En su homilía, hizo honor al nombre que eligió como Papa al llamar a custodiar “toda la creación, la belleza de la creación”. “Como nos muestra San Francisco de Asís, se debe tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos”, afirmó. Y luego explicó lo que eso implica: “ Es custodiar a la gente, preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos. Es preocuparse uno del otro en familia”.

Antes, Francisco revoloteó entre la multitud durante media hora a bordo de un jeep blanco para saludar a todos. Se detuvo y bajó cuando vio a un muchacho parapléjico al que conformó dándole la alegría de su vida. Miles de argentinos, muchos entre lágrimas y risas, lo llamaban “Francisco” o “Jorge”.

La ceremonia duró menos de las dos horas previstas, con un despliegue notable de medidas de seguridad, que emplearon miles de agentes. A las 9.15 –cuatro horas menos en la Argentina–, el pontífice elegido el miércoles pasado por el colegio de 115 cardenales electores, subió las escalinatas del sagrario y fue hasta la capilla donde se encuentra La Piedad de Miguel Angel. Allí se puso los paramentos y encabezó enseguida una procesión flanqueado por los patriarcas católicos de las iglesias orientales. El grupo descendió a las catacumbas hasta la tumba de San Pedro.

Allí habían sido colocados los símbolos de su pontificado.

El anillo del pescador de plata dorada –Bergoglio rechazó que fuera de oro–, en el que está grabada la figura de San Pedro con las llaves del reino y las redes del “pescador de hombres”. También había sido colocado sobre la tumba el palio del Salvador, una estola de lana con cinco cruces rojas. A Francisco le fue entregada la más importante: la del obispo de Roma.

La procesión volvió a subir al nivel central de la basílica de San Pedro, mientras los coros cantaban letanías y afuera la multitud entonaba también cantos y vivas. Francisco volvió a aparecer en el sagrario del mayor templo de la catolicidad y se sentó en el trono ubicado en el medio del sagrario.

Allí, el cardenal Angelo Sodano, decano del sacro colegio de cardenales, le puso en el anular del dedo derecho el anillo del pescador, que en la antigüedad servía para sellar documentos, y el cardenal protodiácono, Jean-Louis Taurán, le puso en torno al cuello el palio. Hubo aplausos desde las tribunas vecinas porque con estos ritos el Papa argentino había quedado definitivamente investido e iniciaba su mandato de Pontífice. clarin.com

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