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9 de noviembre de 2020

VALORAR LA CULTURA DEL TRABAJO Y HONRAR LA VIDA

Como tantos italianos, Pacifico Tantucci había llegado de Italia con dieciséis años y dos hermanos. Después de un paso breve por Buenos Aires y Santa Fe, arribó al poblado de lo que, un día iba a ser Trenel. Pacifico dió inicio a sus actividades en lo que fue la primera panadería de Trenel: la de Longo, donde el oficio de panadero llevaba a hacer sus labores con los brazos y los pies. Hombre de gestos humanitarios y solidarios y que, en los primeros años de vida en la zona, cediera una, de sus dos únicas habitaciones de vivienda para que en ese lugar se comience a enseñar porque tenía muy presente y con claridad que la educación primaria fue, es y será en todos los tiempos un factor vital para el desarrollo de las personas. Con años de esfuerzo y sacrifico ese hombre logró fundar algunos años más tarde el comercio más grandes de la localidad y quizá el lugar donde un día conoció a su esposa Teresa. Ella, Teresa Alesso, había llegado de Italia con sus padres, seis hermanas y dos hermanos y radicados en el campo, tal vez en uno de los pocos viajes al pueblo para alguna compra en “El Porvenir”, conoció a Pacifico Tantucci su propietario con quien se casó. Como anécdota, Pacifico y Teresa solo se vieron dos veces antes de casarse: el día en que se conocieron y el día en el que viajaron a General Pico a comprar la tela del vestido de la boda (momento que aprovecharon a pasar por Metileo a inscribir y oficializar su registro de matrimonio) aunque la ceremonia y unión fuera después… Se casaron para la ley un 29 de agosto de 1.911 De ese matrimonio nacieron once hijos: Luis en 1913 quien falleció a tan solo ocho meses de edad. En 1914 nació Luis que llevara ese nombre en recuerdo -para sus padres- del primer hijo. En 1.915 con la llegada del tercer hijo hubo otra anécdota: como siempre en esa época era el padre a quien le correspondía anotarlos al registro civil y… con indicaciones de la madre fue a inscribirlo con el nombre de Guillermo. Sin embargo....-ese tercer hijo a quien tantos recordarán como "Tito" Tantucci- ¡nunca llevó el nombre de Guillermo! ya que…. ¡ por sugerencia "del juez y jefe de registro civil" se llamó Luis (Luis el tercero… Luis Leonardo). Le siguieron a Tito ocho hermanos entre hombres y mujeres: Cándida, María, Alfredo, Ángela, Carlos, Nélida, Lidia y Osvaldo. Siempre vivieron dedicados al trabajo, en su vida de campo o en el pueblo o combinando ambos, como cuando se hacia la distribución de alimentos y otros víveres desde la población a la zona rural una constante vida de tareas y esfuerzo. Un almacén de ramos generales, de quesos y de harinas, de acero y tela, de venta de materiales de construcción, de olores característicos, diseños inigualables: estanterías de madera, lugar de hierros y sombreros, mostradores grandes y cita de encuentros: “El Porvenir” que funcionara entonces, en cercanías de la estación del ferrocarril de Trenel Con el trabajo de “El Porvenir” Pacifico logró comprar un campo en 12.000 pesos, pero al no poder saldar un pequeño faltante de 500 pesos el campo fue sustraído. Sin embargo, tomó la decisión de permanecer en el mismo alquilándolo y así poder continuar trabajando para sus nuevos proyectos: adquirir una vivienda en la calle Rivadavia en cercanías a la intercesión con 9 de Julio. En la casa de Pacífico y Teresa había dos salones y así volvió a poner un negocio que en principio era almacén y mercado. La familia se seguía agrandando y había que buscar nuevas salidas laborales, recordando siempre que en aquel tiempo nadie te daba nada y .... ¿a la municipalidad? ... se acudía SOLO a pagar los impuestos !!! Fue así como valorando cada día mas el arte y los oficios, Pacifico construyó un horno de ladrillos grande donde comenzó a fabricar pan casero. Así, allí se lograba amasar una de las bolsas grandes de harina , por semana (que para la época era mucho) puesto que el pan NO se compraba todos los días, sino se compraba un determinado día y se conservaba varios. Todo marchaba bien pero… en la mesa eran doce todos los días para compartir el desayuno, el almuerzo y la cena. Había que buscar “algo más”.... fue entonces cuando se presentó la posibilidad de traer a Trenel, pescado fresco desde Bahía Blanca y Pacífico se animó a un nuevo emprendimiento. Como ya habían logrado comprar una “chatita” Ford T y los más grandes de la familia ayudaban, juntos: padre e hijos salían a vender pescado por el campo… era una época donde no había tantas comodidades y los alimentos frescos se conservaban en hielo. Encaminaban diferentes negocios porque todas eran oportunidades para trabajar: en algún tiempo -y con la llegada y la combinación de trenes- traían vino “Cabrini” desde Mendoza. Los mayores de la familia se iban ocupando en diferentes puestos de trabajo y buscando un porvenir para poder formar a sus propias familias... De esas épocas también se recuerda cuando Luis el mayor de los hijos, con su cuñado Benvenuto Salvaro alquilaron una casa para poner la primera gomería de Trenel ya que Salvaro era gomero, época en la que Pacífico alquilaba una casa en la calle 9 de julio donde funcionó el negocio. De esos años se recuerda el valor, el ánimo, la valentía puesta en cada acción y cada día de trabajo. Padres e hijos, una huerta para el consumo de cada temporada, arar, sembrar y cosechar granos, las labores del campo, el gallinero y con conejos… los pollos y las gallinas. Esa tarea desde antes de cada amanecer de lunes a domingos para que cubrir siempre las necesidades básicas porque trabajando se conseguía todo: épocas en que se hacía del trabajo, una forma de vida, una tradición, hombres y mujeres labrando la tierra y cuidando animales. Para las mujeres en esa etapa: la ilusión y entusiasmo de estrenar vestidos, dos o tres nuevos cada año, acceso siempre a las comidas diarias, las reuniones y encuentros familiares alrededor de la mesa, la llegada y el auge de “alguna que otra fiesta”, las celebraciones del carnaval, las ferias gastronómicas, algunos desfiles, las fiestas gauchas, los homenajes a personajes del lugar, el aniversario de instituciones sociales, los locales comerciales, la celebración de las fiestas patrias, el paso del tren por la estación, las pascuas, ese mes de junio de fiestas patronales, el “Prado español”, la “Terza Italia” con sus bailes, los clubes sociales, la cosmopolita, el salón de té, los encuentros danzantes, la “Sociedad de Socorros Mutuos”, la inauguración de un parque, la cancha de pelota a paleta del pueblo… Una vida dedicada a la familia, la crianza de hijos, brindarles bienestar, amor y la posibilidad de una calidad de vida digna. Una historia de vida trenelense como tantas otras, una historia reflejo de emociones, de memoria y de sabiduría.

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